
¿Qué quiere la mujer? fue la única pregunta que según propia confesión Freud nunca pudo contestarse.
Tienen ustedes ahora en las manos la posibilidad de encontrarle su respuesta: nueve excelentes escritoras españolas muy siglo XXI no han dejado tema sin abordar ni sentimiento humano desatendido. Del cuento extenso al microrrelato, nos ofrecen lectura para todos los gustos. Por eso mismo cabe adentrarse con paso firme en cada uno de los textos.
“Hic sunt leones” solía estar escrito en los antiguos mapas cuando los cartógrafos se enfrentaban con tierras inexploradas. Aquí hay leones, peligros imposibles de enfrentar, se pensó también cuando escritoras de calidad se arriesgaron a abordar el lenguaje desde sus muy personales posicionamientos. Hoy en día, un importante número de ellas ha cartografiado sus propios territorios interiores y lingüísticos, que lectores y lectoras avisadas exploran con placer. La presente antología ofrece nuevos derroteros para incursionar en tierras que fueron ignotas hasta no hace tanto tiempo.
Envidio a quienes se sumergirán por primera vez en este libro que brinda el placer de una aventura hecha de deslumbramientos y posibles peligros. Son páginas ricas, húmedas de un erotismo femenino.
¿Creen ustedes como yo que las escritoras encaran el lenguaje desde un ángulo distinto del de los escritores? ¿Acaso nunca se han planteado la cuestión? Ahora tienen la oportunidad de hacerlo. Sean valientes. Enfrenten con gusto a estas nueve leonas españolas que apuestan en serio por la literatura. Esto sí es lo que quiere la mujer: decir su verdad, expresar su deseo y disfrutar el gozo del fluir en el lenguaje, a fondo y desde el fondo. Secreto de secretos que intimidó al padre del psicoanálisis. Y a tantos otros.
Este es el texto de la contraportada escrito por Luisa Valenzuela para esta valiente edición que acaba de salir de imprenta. ¿Que por qué la califico de “valiente”? No es por lo que dice la escritora argentina en la contra, sino por los comentarios hechos por alguien en una popular red social donde Baile del Sol colgó la información de su novedad. Vaya por delante decir que, como es obvio, no se trata de una mujer, pero desde luego tampoco de un caballero. El interfecto escribió lo siguiente:
“Supongo que esto es lo que se llama “discriminación positiva”. No sé cómo caería una antología que se promocionara como “escrita exclusivamente por hombres”. Estas cosas suelen gustarles mucho a los políticos y van bien para pillar subvenciones, pero empiezan a cansar ya un poco. Es como el otro día, que oí una entrevista por la radio con la directora general de empleo. Decía que esperaba que en el nuevo portal del ministerio encontraran trabajo “las mejoras y los mejores”.Inma Luna, una de las autoras antologadas, le contesto dándole en la línea de flotación:
Mientras esperaba la reacción de Inma a semejante exabrupto, Déborah Vukušić, otra de las antologadas, intervino diciendo:
¿Demasiado “suave”, no? Pues no hizo falta volver a intervenir, Inma Luna se valió sola para decirle:
“Sólo te voy a contestar una vez más, Xxxx. No me gustan estos debates, me parecen estériles. Todo lo que tú cuentas no tiene efectivamente nada que ver con la literatura y sí con el prurito masculino. Cuando leas estos cuentos, cosa que francamente dudo que hagas, podrás opinar sobre su calidad literaria en vez de decir estupideces tan poco afortunadas como lo de las mujeres mastectomizadas o la violencia machista. Baile del sol sacó una colección de poesía sólo de hombres, Más que el mar, y nadie se rasgó las vestiduras ni les recomendó a sus autores que se dedicasen a hablar de la impotencia o de la castración.”
“Sólo te doy la razón en una cosa: efectivamente, no voy a leer este libro ni ninguno que parta de presupuestos similares.” Con estas palabras zanjó Xxxx la conversación. Y remató con una última frase: “Elimino mis comentarios y te doy la razón en una única cosa: efectivamente, no voy a leer este libro.”
Esto último es, cuando menos, lo más llamativo (por no decir otra cosa) de la conversación: nuestro hombre se batió en retirada y dejó de ser “nuestro amigo” en Facebook.
Me pregunto: ¿qué necesidad tiene la gente de hacer este tipo de esfuerzos? Y ya que los hace, ¿por qué remata el tema con ese ramalazo “de niño chico” que al ver que va perdiendo, se planta y dice: ” ¡ea, pues ya no juego!”? (y como las canicas eran suyas, las recoge y deja a la peña colgada…)
Como ellas mismas han dicho, “pasan” de debates estériles; todo el mundo puede expresar sus ideas, pero sin necesidad de perder la compostura y algo muy importante, el RESPETO.
A estas mujeres cuentistas (Inés Matute, Inma Luna, Ángeles Jurado, Ana Pérez Cañamares, Marina Sanmartín, Roxana Popelka, Déborah Vukušić, Carmen Camacho), gestos así no hacen sino aumentar sus ganas por seguir escribiendo, divirtiéndose al hacerlo, pero no se trata de ningún juego.
Enhorabuena a las ocho, ¡y a por la segunda edición de aquí a Navidad!